⚖️TEMA1: EL PROCESO DE INTEGRACIÓN EN EUROPA: FUNDAMENTOS JURÍDICOS E INSTITUCIONES
Tema 1: Historia de la Integración Europea (1917–2019)
Autor base: Rogelio Pérez Bustamante, Catedrático Jean Monnet.
Elaborado por: Venecia Fernández Peña.
Índice
Los orígenes de la idea de Europa (siglos XIII–XIX)
De las guerras mundiales al deseo de unidad (1914–1945)
El Congreso de La Haya y la cooperación inicial (1948–1950)
La Declaración Schuman y la creación de la CECA (1950–1951)
Los Tratados de Roma y el nacimiento de la CEE y el EURATOM (1957)
Las ampliaciones y reformas institucionales (1973–1992)
El Tratado de Maastricht y la Unión Europea (1992–2000)
De Lisboa al Brexit y los nuevos desafíos (2000–2019)
Conclusión
Bibliografía
Introducción
La historia de la integración europea es la historia del sueño de un continente que, tras siglos de guerras, buscó transformar el conflicto en cooperación. Desde los primeros intentos de unión hasta la creación de la Unión Europea, este proceso refleja la búsqueda de paz, prosperidad y solidaridad entre naciones. Su desarrollo, a lo largo de un siglo, muestra cómo los ideales políticos y económicos se combinaron con una voluntad jurídica e institucional para construir una Europa unida en la diversidad.
1. Los orígenes de la idea de Europa (siglos XIII–XIX)
La idea de una Europa común no surge únicamente tras la Segunda Guerra Mundial; sus raíces se hunden en siglos anteriores, donde se construyeron los fundamentos culturales, políticos y religiosos del continente. A continuación se exponen tres líneas clave de desarrollo.
1.1. La dimensión religiosa-cultural y la cristiandad común
Desde la Edad Media, buena parte de Europa se concebía en torno a la cristiana «cristiandad» —un espacio cultural y religioso compartido— más que en torno al Estado-nación moderno. Según Weller (2021), “Christianity provided a critical early defining force” en la construcción de lo que se ha llamado la «idea de Europa».
Este sentido de pertenencia compartida, aunque lejos de una integración política, constituyó un antecedente simbólico de la posterior unión europea: la conciencia de que los pueblos de Europa compartían valores, instituciones e incluso destino.
1.2. Visiones de unidad y federales en la Modernidad temprana
Durante los siglos XVIII y XIX se desarrollaron corrientes de pensamiento que imaginaron a Europa como una entidad política o moral más allá de los Estados individuales. Por ejemplo, la noción de «Mitteleuropa» en el siglo XIX integraba visiones centrales europeas de confederación económica o cultural.
Asimismo, el razonamiento ilustrado, con pensadores como Montesquieu o Kant, contribuía a la idea de una Europa de estados de derecho, comercio libre y cosmopolitismo. Aunque todavía fragmentados, los estados europeos empezaron a experimentar políticamente con la cooperación internacional, lo que sembró el terreno para futuros procesos de integración.
1.3. Transformaciones económicas, coloniales y geopolíticas
El descubrimiento de América (siglo XV) y la expansión colonial europea generaron una conciencia creciente de interdependencia entre potencias europeas. El comercio intercontinental, la competencia colonial y las rivalidades bélicas moldearon el mapa de Europa como un sistema de estados con vínculos crecientes. Como señala Britannica, Europa es “a more ambiguous term than most geographic expressions” y su extensión política y cultural ha sido objeto de reconfiguración constante. Encyclopedia Britannica
En el siglo XIX, la revolución industrial, la liberalización del comercio y los ferrocarriles transfronterizos contribuyeron a una experiencia de interconexión europea. Esta conectividad física y económica precedió al reconocimiento político de un espacio europeo común.
1.4. Hacia el siglo XX: visión de federación europea
A comienzos del siglo XX surgieron ya intentos explícitos de federación o unión europea. Por ejemplo, el movimiento paneuropeísta fundado con el manifiesto Paneuropa (Richard von Coudenhove-Kalergi, 1923) proponía una Europa políticamente unida tras la Primera Guerra Mundial.
Así pues, antes de las grandes crisis de las décadas de 1930-50, ya se gestaba la idea de que los estados europeos podrían superar la dinámica de competencia y conflicto a través de mecanismos de cooperación más estrechos.
ESQUEMA:
Cristiandad medieval: Europa se concibe como una comunidad espiritual unida por la fe cristiana, base cultural y moral de la futura integración.
Pensamiento ilustrado y humanista: Filósofos como Kant y Montesquieu imaginan una Europa de paz, derecho y cooperación entre naciones civilizadas.
Expansión y rivalidades coloniales: La conquista y el comercio intercontinental generan interdependencia económica y competencia entre potencias europeas.
Revolución industrial y liberalismo: El desarrollo tecnológico, los ferrocarriles y las ideas de libre comercio crean redes que conectan a los Estados europeos.
Visiones federales y paneuropeístas: Surgen propuestas concretas de unión política, como el movimiento Paneuropa (Coudenhove-Kalergi, 1923), que anticipan la idea moderna de Europa unida.
2. De las guerras mundiales al deseo de unidad (1914–1945)
Las dos guerras mundiales marcaron un antes y un después en la historia europea. Tras la Primera Guerra Mundial (1914–1918), Europa quedó devastada política, económica y moralmente. La Sociedad de Naciones, creada en 1919 bajo el impulso del presidente estadounidense Woodrow Wilson, fue el primer intento de establecer un marco de cooperación internacional permanente (Mazower, 2012). Sin embargo, la falta de apoyo de potencias clave y el auge de los nacionalismos impidieron su éxito.
Durante el periodo de entreguerras (1919–1939), figuras como Aristide Briand y Richard von Coudenhove-Kalergi propusieron una federación o unión de países europeos basada en la cooperación económica y política. En 1929, Briand presentó a la Sociedad de Naciones su Memorándum sobre la organización de un régimen de unión federal europea, considerado uno de los primeros textos diplomáticos del europeísmo moderno (Briand, 1929).
No obstante, la crisis económica de 1929 y el ascenso de los totalitarismos —nazismo, fascismo y comunismo— destruyeron los avances hacia la cooperación. Las tensiones ideológicas y la expansión militar desembocaron en la Segunda Guerra Mundial (1939–1945), el mayor conflicto de la historia humana.
El final de la guerra trajo la toma de conciencia colectiva de que la supervivencia de Europa dependía de una reconstrucción común. En su célebre discurso en Zúrich (1946), Winston Churchill llamó a construir “unos Estados Unidos de Europa” (Churchill, 1946), expresión que se convirtió en símbolo del nuevo espíritu integrador que inspiraría las instituciones comunitarias nacientes.
ESQUEMA:
Primera Guerra Mundial: Europa devastada impulsa la creación de la Sociedad de Naciones (1919) para mantener la paz.
Propuestas federalistas: Aristide Briand y Coudenhove-Kalergi formulan planes concretos de unión europea (1929).
Crisis y totalitarismos: La depresión de 1929 y el ascenso del fascismo y nazismo frenan la cooperación internacional.
Segunda Guerra Mundial: La destrucción generalizada muestra el fracaso del nacionalismo extremo y la necesidad de unión.
Renacimiento del ideal europeo: Tras 1945, Churchill propone los “Estados Unidos de Europa”, preludio de la integración.
3. El Congreso de La Haya y la cooperación inicial (1948–1950)
Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa se encontraba en ruinas: ciudades destruidas, millones de desplazados y una profunda crisis económica. Sin embargo, el fin del conflicto también despertó una esperanza común: evitar que el continente volviera a sumirse en la guerra. La respuesta fue política y moral: construir instituciones que garantizaran la paz a través de la cooperación y la unidad europea.
En este contexto se celebró el Congreso de La Haya (7–10 de mayo de 1948), considerado el punto de partida del proceso moderno de integración europea. Reunió a más de 700 participantes —políticos, intelectuales y representantes de la sociedad civil— entre los que destacaban Winston Churchill, Paul-Henri Spaak, Altiero Spinelli y Konrad Adenauer (Pérez-Bustamante, s.f.).
Su objetivo era establecer las bases de una futura unión política y económica que asegurara la paz, la democracia y la prosperidad del continente.
Durante el Congreso se debatieron dos grandes visiones sobre el futuro de Europa:
Los federalistas, que defendían crear una autoridad supranacional con poder real.
Los unionistas, que preferían mantener la cooperación entre Estados sin ceder soberanía.
De este encuentro histórico surgió el Movimiento Europeo Internacional, así como la decisión de crear el Consejo de Europa, fundado en 1949, cuyo propósito sería promover los derechos humanos, la democracia y el Estado de Derecho (Consejo de Europa, 2023).
Además, en estos años iniciales se sentaron las bases del Plan Marshall (1948), el programa estadounidense de ayuda económica para la reconstrucción de Europa occidental, que impulsó la cooperación económica y política entre los países europeos y fortaleció los lazos transatlánticos (Hogan, 1987).
Estas iniciativas representaron el primer paso institucional y práctico hacia la integración europea, creando el clima político que haría posible el nacimiento de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en 1951.
ESQUEMA:
Congreso de La Haya (1948): Primer encuentro paneuropeo tras la guerra; participación de Churchill, Spaak y Adenauer.
Objetivo: Establecer las bases de una unión europea basada en la paz, la democracia y los derechos humanos.
Dos corrientes: Federalistas (unidad supranacional) vs. unionistas (cooperación intergubernamental).
Consejo de Europa (1949): Primer organismo paneuropeo formal, centrado en la defensa de los derechos humanos.
Plan Marshall (1948): Ayuda económica estadounidense que fomenta la cooperación europea y la reconstrucción del continente.
4. La Declaración Schuman y la creación de la CECA (1950–1951)
El proceso de integración europea dio su paso decisivo con la Declaración Schuman, pronunciada el 9 de mayo de 1950 por el entonces ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman. Inspirado por las ideas del economista y diplomático Jean Monnet, Schuman propuso poner bajo una autoridad supranacional común la producción de carbón y acero de Francia y Alemania, dos recursos estratégicos para la guerra y la reconstrucción.
El objetivo era claro: hacer la guerra “no solo impensable, sino materialmente imposible” (Schuman, 1950). Esta propuesta buscaba reconciliar a los antiguos enemigos y sentar las bases de una Europa unida en torno a la cooperación económica, la paz y la solidaridad.
La iniciativa fue acogida con entusiasmo por Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo, quienes firmaron el Tratado de París el 18 de abril de 1951, creando la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), que entró en vigor en 1952.
La CECA fue el primer organismo supranacional europeo con instituciones propias: una Alta Autoridad (embrión de la futura Comisión Europea), un Consejo de Ministros, una Asamblea Parlamentaria y un Tribunal de Justicia (Dinan, 2004).
Estas estructuras representaron el nacimiento jurídico e institucional de la Europa comunitaria, basada en principios de integración progresiva, solidaridad y cesión parcial de soberanía.
Además, la CECA simbolizó la alianza franco-alemana como pilar de la paz en Europa y se convirtió en modelo político y económico para la posterior Comunidad Económica Europea (CEE) y la Unión Europea actual.
ESQUEMA:
Declaración Schuman (1950): Propuesta francesa para gestionar conjuntamente el carbón y el acero de Francia y Alemania.
Objetivo: Garantizar la paz mediante la integración económica y evitar futuras guerras en Europa.
Fundadores: Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo.
Tratado de París (1951): Crea la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) con instituciones supranacionales.
Resultado: Primer paso jurídico hacia la Unión Europea; la economía se convierte en herramienta de integración política.
5. Los Tratados de Roma y el nacimiento de la CEE y el EURATOM (1957)
El éxito inicial de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) mostró que la integración económica podía convertirse en un instrumento eficaz para la estabilidad política de Europa. A partir de esta experiencia, los seis Estados miembros fundadores —Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo— decidieron ampliar la cooperación a otros sectores económicos.
El 25 de marzo de 1957, se firmaron en Roma dos acuerdos históricos:
el Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea (CEE), y
el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea de Energía Atómica (EURATOM).
Ambos tratados, conocidos como los Tratados de Roma, entraron en vigor el 1 de enero de 1958 y marcaron el nacimiento oficial de la Europa económica moderna.
El Tratado de la CEE tenía como objetivo crear un mercado común basado en la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales. Asimismo, estableció políticas comunes en agricultura, transporte y comercio exterior (Pérez-Bustamante, s.f.).
Por su parte, el Tratado del EURATOM buscaba fomentar la cooperación en el uso pacífico de la energía nuclear, con el fin de garantizar la independencia energética del continente (Nugent, 2017).
Los Tratados de Roma también crearon nuevas instituciones que reforzaban el modelo supranacional: una Comisión, un Consejo de Ministros, una Asamblea Parlamentaria (posteriormente Parlamento Europeo) y un Tribunal de Justicia común para resolver disputas (Dinan, 2004).
Con estos acuerdos, Europa pasó de la integración sectorial (CECA) a una integración económica general, donde la cooperación económica serviría de motor para la unión política. De esta manera, los Tratados de Roma consolidaron el proyecto europeo sobre tres pilares fundamentales: unidad económica, paz duradera y solidaridad entre pueblos.
ESQUEMA:
Firma (1957): Los seis países fundadores firman los Tratados de Roma, base de la integración económica europea.
CEE: Crea el mercado común con libre circulación de bienes, personas, servicios y capitales.
EURATOM: Promueve la cooperación en energía nuclear con fines pacíficos.
Instituciones comunes: Comisión, Consejo, Asamblea y Tribunal de Justicia fortalecen el modelo supranacional.
Resultado: Nace la Europa económica moderna y se sientan las bases para la futura Unión Europea.
6. Las ampliaciones y reformas institucionales (1973–1992)
Durante las décadas de 1970 y 1980, la Comunidad Económica Europea (CEE) experimentó una profunda transformación, marcada tanto por su expansión territorial como por la evolución de sus instituciones. Fue una etapa clave para consolidar el modelo político y jurídico que conduciría a la Unión Europea.
La primera ampliación se produjo en 1973, con la incorporación del Reino Unido, Irlanda y Dinamarca, lo que extendió el mercado común y reforzó el peso económico del bloque. En los años siguientes se unieron Grecia (1981) y los países ibéricos: España y Portugal (1986), simbolizando la consolidación de la democracia en el sur de Europa tras décadas de dictaduras (Pérez-Bustamante, s.f.).
Paralelamente, la CEE fue profundizando su estructura institucional. En 1974 se creó el Consejo Europeo, que reunía a los jefes de Estado y de Gobierno, convirtiéndose en el máximo órgano político de la Comunidad (Dinan, 2004).
En 1979 se celebraron por primera vez las elecciones directas al Parlamento Europeo, otorgando a los ciudadanos un papel activo en el proceso de integración y reforzando la legitimidad democrática del proyecto europeo (Nugent, 2017).
Otro hito esencial fue la firma del Acta Única Europea (1986), que reformó los tratados fundacionales y estableció la meta de crear un mercado interior único antes de 1993. También introdujo la votación por mayoría cualificada en el Consejo y amplió las competencias de la Comunidad en ámbitos como la política social, el medio ambiente y la cooperación tecnológica (Rosamond, 2000).
Estas reformas institucionales respondieron a la necesidad de adaptar las estructuras comunitarias a una Europa más amplia y diversa. Además, prepararon el camino para el Tratado de Maastricht (1992), que daría el salto definitivo de la integración económica a la integración política y monetaria.
ESQUEMA:
Primera ampliación (1973): Ingreso de Reino Unido, Irlanda y Dinamarca; expansión del mercado común.
Nuevos miembros (1981–1986): Grecia, España y Portugal refuerzan la dimensión democrática del proyecto europeo.
Consejo Europeo (1974): Institucionaliza las cumbres entre jefes de Estado y de Gobierno.
Elecciones europeas (1979): Primer voto directo al Parlamento Europeo, mayor legitimidad ciudadana.
Acta Única Europea (1986): Reforma institucional y compromiso de crear el mercado interior antes de 1993.
7. El Tratado de Maastricht y la Unión Europea (1992–2000)
La firma del Tratado de Maastricht en 1992 marcó un antes y un después en la historia del proceso de integración europea. Supuso el nacimiento oficial de la Unión Europea (UE) y la transformación de la Comunidad Económica Europea en una unión política, económica y monetaria con una identidad propia en el escenario internacional.
El tratado fue firmado el 7 de febrero de 1992 en la ciudad holandesa de Maastricht y entró en vigor el 1 de noviembre de 1993. Su nombre completo es Tratado de la Unión Europea (TUE), y sus objetivos principales fueron:
Crear una Unión Económica y Monetaria (UEM), con una moneda única: el euro.
Establecer una ciudadanía europea, complementaria a la nacional, con derechos de residencia, voto y protección diplomática en cualquier país miembro.
Reforzar la cooperación en política exterior, defensa, justicia y asuntos interiores.
Consolidar las instituciones y el poder legislativo del Parlamento Europeo (Nugent, 2017).
El nuevo marco se organizó en torno a tres pilares fundamentales (Dinan, 2004):
Las Comunidades Europeas (CEE, CECA, EURATOM), con las competencias económicas.
La Política Exterior y de Seguridad Común (PESC).
La Cooperación en Justicia y Asuntos de Interior (JAI).
Con esta estructura, la UE pasó de ser un proyecto económico a un proyecto político integral, donde los Estados miembros compartían valores, objetivos y políticas comunes. Además, se establecieron criterios de convergencia económica —inflación, déficit, deuda, tipos de interés y estabilidad cambiaria— como condición para adoptar el euro (Rosamond, 2000).
Durante la década de 1990, se dio un gran impulso a la ampliación hacia Europa Central y del Este, preparando la integración de los antiguos países socialistas tras la caída del Muro de Berlín.
La cumbre de Ámsterdam (1997) reformó el tratado de Maastricht para mejorar la eficacia institucional, mientras que el Tratado de Niza (2001) continuó ese proceso de adaptación (Pérez-Bustamante, s.f.).
Así, el Tratado de Maastricht consolidó los avances económicos, institucionales y democráticos de medio siglo de integración, inaugurando la era moderna de la Unión Europea como actor global.
ESQUEMA:
Firma (1992): Nace oficialmente la Unión Europea; la CEE se transforma en un proyecto político y monetario.
Moneda única: Se crea la Unión Económica y Monetaria y se sientan las bases del euro.
Ciudadanía europea: Derechos de residencia, voto y protección en cualquier Estado miembro.
Tres pilares: Comunidades Europeas, Política Exterior y de Seguridad Común, y Cooperación en Justicia e Interior.
Expansión y reformas: Hacia el Este tras 1989; reformas institucionales en Ámsterdam (1997) y Niza (2001).
8. De Lisboa al Brexit y los nuevos desafíos (2000–2019)
A comienzos del siglo XXI, la Unión Europea se enfrentó al reto de adaptarse a una nueva realidad: la globalización, la ampliación hacia el Este y la necesidad de reforzar su legitimidad democrática. Entre 2000 y 2019, la UE vivió una etapa de expansión, reformas y crisis que redefinieron su identidad política y social.
El Tratado de Lisboa (2007) fue el hito institucional más importante del periodo. Entró en vigor el 1 de diciembre de 2009, y su objetivo fue simplificar la estructura de la Unión tras el fracaso de la Constitución Europea (rechazada en referéndum en Francia y los Países Bajos en 2005).
El tratado reforzó la eficacia, la coherencia y la representación democrática de la UE mediante varias reformas clave (Nugent, 2017):
Creación de un Presidente estable del Consejo Europeo.
Nombramiento de un Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, figura que unificó la voz exterior de la UE.
Otorgamiento de personalidad jurídica única a la Unión.
Reconocimiento de la Carta de Derechos Fundamentales como jurídicamente vinculante.
Ampliación de competencias del Parlamento Europeo y del principio de codecisión legislativa.
Durante esta etapa también se produjo la gran ampliación de 2004–2007, con la incorporación de doce nuevos Estados —en su mayoría de Europa Central y del Este—, que consolidó la reunificación del continente tras la Guerra Fría (Dinan, 2004).
Esta expansión aumentó la diversidad política y económica de la Unión, pero también planteó nuevos desafíos de gobernanza, cohesión y financiación.
La crisis económica y financiera de 2008 supuso una dura prueba para la estabilidad del euro y de las instituciones europeas. Grecia, España, Portugal e Irlanda sufrieron graves recesiones, lo que llevó a una respuesta común basada en rescates financieros y políticas de austeridad, coordinadas por la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) (Pérez-Bustamante, s.f.).
Otro desafío crucial fue la crisis migratoria de 2015, que puso en evidencia las diferencias entre los Estados miembros respecto al asilo y las fronteras exteriores.
Finalmente, el referéndum del Reino Unido en 2016, en el que la mayoría votó a favor de abandonar la Unión, desembocó en el Brexit, consumado oficialmente el 31 de enero de 2020, aunque sus efectos políticos y económicos comenzaron a sentirse desde 2019.
A pesar de las dificultades, la UE demostró resiliencia, manteniendo su papel como actor global comprometido con el multilateralismo, la paz, los derechos humanos y la transición ecológica. El período 2000–2019 dejó una Unión más amplia, compleja y madura, preparada para afrontar los retos del siglo XXI.
ESQUEMA:
Tratado de Lisboa (2007): Reforma institucional para fortalecer la eficacia, legitimidad y política exterior de la UE.
Gran ampliación (2004–2007): Doce nuevos miembros del Este europeo; reunificación del continente.
Crisis financiera (2008): Recesión global y medidas de austeridad; refuerzo del papel del BCE.
Crisis migratoria (2015): Tensiones internas sobre fronteras y asilo; auge de movimientos euroescépticos.
Brexit (2016–2019): Reino Unido decide abandonar la UE; primer retroceso en el proceso de integración.
9. Conclusión
La historia de la integración europea entre 1917 y 2019 refleja uno de los procesos políticos más trascendentes del siglo XX y comienzos del XXI. Nacido del trauma de dos guerras mundiales, el proyecto europeo transformó el conflicto en cooperación y la rivalidad en solidaridad.
Desde los primeros ideales humanistas y federales hasta la actual Unión Europea, la integración ha sido un camino de aprendizaje colectivo, basado en la búsqueda de paz, estabilidad y prosperidad compartida.
El proceso evolucionó gradualmente: de la reconciliación franco-alemana y la cooperación económica inicial (CECA y CEE), hacia una estructura política y jurídica compleja, dotada de instituciones supranacionales, mercado interior, moneda única y una voz común en el mundo.
Cada tratado —de Roma, Maastricht, Lisboa— supuso una ampliación del ámbito de soberanía compartida, demostrando que la unión se construye paso a paso, en respuesta a los desafíos históricos de cada época.
No obstante, el ideal europeo también ha enfrentado crisis profundas: económicas, migratorias, institucionales y de legitimidad democrática. El Brexit marcó el primer retroceso en el proceso, pero también recordó la fuerza de la cohesión europea frente a la fragmentación.
Hoy, la Unión Europea se define como un proyecto en constante evolución, sustentado en los valores de democracia, Estado de derecho, derechos humanos y cooperación internacional.
Más que un bloque económico, Europa se ha convertido en un modelo civilizatorio que demuestra que la integración y el diálogo son los verdaderos cimientos de la paz.
10. Bibliografía
- Briand, A. (1929). Memorandum sur l’organisation d’un régime d’union fédérale européenne. Société des Nations.
- Churchill, W. (1946). Discurso en la Universidad de Zúrich, 19 de septiembre de 1946. Churchill College Archives.
- Consejo de Europa. (2023). History of the Council of Europe. Recuperado de https://www.coe.int
- Dinan, D. (2004). Europe Recast: A History of European Union. Palgrave Macmillan.
- Hogan, M. (1987). The Marshall Plan: America, Britain, and the Reconstruction of Western Europe, 1947–1952. Cambridge University Press.
- Mazower, M. (2012). Governing the World: The History of an Idea. Penguin Books.
- Monnet, J. (1976). Memorias. Fayard.
- Nugent, N. (2017). The Government and Politics of the European Union (8ª ed.). Palgrave Macmillan.
- Pérez-Bustamante, R. (s.f.). Historia de la Integración Europea. Universidad Rey Juan Carlos.
- Rosamond, B. (2000). Theories of European Integration. Palgrave Macmillan.
- Schuman, R. (1950). Declaración de Schuman, 9 de mayo de 1950. Archivos Históricos de la Unión Europea.
- Weller, P. (2021). Christianity and the Idea of Europe. Oxford University Press.
- Encyclopaedia Britannica. (s.f.). History of Europe. Recuperado de https://www.britannica.com/topic/history-of-Europe
- Wikipedia. (s.f.). Mitteleuropa; Paneuropean Union. Recuperado de https://en.wikipedia.org
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